Días atrás tuve que viajar al norte de Italia para visitar a unos familiares. El lago de Como, como testigo presencial de unas sesiones culinarias sazonadas con las experiencias de una señora. La señora Mª Antoniette, de cuyas manos, en un pasado surgieron muchos de los platos que presidieron la mesa de Benito Mussolini.
El contacto con la señora Mª Antoniette no fue difícil. Amiga, desde la mas tierna infancia de mi tía Rita, aceptó en tener una sesión gastronómica conmigo. Para ella la cocina resultó ser un pretexto para haberme podido contar sus legendarias historias, para mí no. Mi intención era comer, degustar. O por lo menos así lo creía...
Cocinera personal del Duce (1939-1942) y miembro del MAI (Movimiento Antifascista Italiano) en sus ratitos "libres". Valga la paradoja. Sirvieron a esta señora para mantener una dualidad extremadamente peligrosa, que llevó a nuestra heroína a filtrar muchos de los secretos de estado que utilizaron los antifascistas italianos y a posteriori, los aliados para golpear en repetidas ocasiones el régimen fascista de Don Benito. Un anecdotario de lo mas inverosímil y generoso que encerraba recetas memorables capaces de saciar los caprichitos culinarios de Don Benito, historias de amor, conspiraciones, desengaños y carta blanca en la cocina, dada la relación con los altos cargos del régimen y sus estómagos.
Empieza la sesión. Casi la una del mediodía, y puntual a la cita, allí me presenté. Los saludos de rigor y el recital que empieza:
Como entrantes; salami al estilo de Padova, olivas del sur de Italia maceradas en vasijas de barro durante tres años y puestas en marcha para la ocasión. Queso Camembert aliñado con miel y vinagre de módena. Pimientos y cebollinas escalivados al horno de leña y expresamente barnizados con aceite de oliva y oporto, embutidos típicos de la región de la Lombardía, puerros bautizados con Grappa y mermelada de pera y calamares rellenos de mostaza de naranja. El prosecco como antídoto para el saque inicial. De primeros; patatas hervidas al estilo de Carrara, rociadas levemente con nuez moscada y acompañadas con nueces acarameladas de la Toscana. De segundo, un pato rustido acompañado con salsa Rossi (Miel de pino, constantina, vinagre de Módena y un punto de rúcula salvaje). El vino que nos acompañaba un Rippa delle Mandorle. El postre se compuso de un variado e histérico ejemplo de las diferentes variedades de frutas silvestres que pueden encontrarse en la parte sur de Suiza y el norte de Italia. Cerraron el encuentro los cafés y los licores artesanales de la zona. Principalmente digestivos de alta graduación. La Grappa ni se asomó ¿?. La sobremesa se extendió dando lugar a un completo anecdotario sobre la vida del Duce y sus caprichos, entre ellos, los culinarios, lógicamente. Y de éstos, su adicción por la cocina psicoactiva. Pero esto será otra historia que contemos mas adelante.